Cabeza de bruja

3. La niña del sendero


Iba caminando por Miguel Alemán y cerca de donde se ubica Home Depot, hay un predio o solar enorme, al fondo se ven las casas de una colonia, pero dependiendo la época del año ese predio está lleno de maleza. Justo pasaba frente ahí cuando de entre la maleza y por un pequeño sendero en el que apenas cabe una persona, venía caminando una niña. Cinco, siete años, ocho tal vez, no lo sé, soy pésima para calcular edades, pero se parecía mucho a Val, la hija de una de mis amigas. De espaldas era totalmente Val, solo en su carita eran diferentes. Pequeña, delgadita, cabello liso negro que le pasaba un poco de los hombros, su tez era clara y su carita afilada. No recuerdo su ropa, creo que era un vestidito en color pastel claro.

Nuestras miradas se toparon, ella nunca habló, pero tenía una expresión dulce y amistosa, con una mano me hizo la seña que la siguiera por ese estrecho sendero entre la maleza. El sendero se torcía a la izquierda y justo en ese momento ella volteó a verme y me sonrío. Me picaba la hierba que era más alta que yo, me picaba en los brazos, los mosquitos zumbaban, pero a la niña parecía no incomodarle y aunque la situación era por demás extraña, tuve la sensación de seguirla para cuidarla, protegerla.

Llegamos a un claro despejado, lleno de camiones urbanos abandonados, a la derecha había un edificio en construcción abandonado también, de plano quedó en obra gris,  solo techo, paredes, divisiones, nada de puertas o ventanas. Un hombre estaba sentado dentro de ese lugar, al parecer en un banco; sus piernas extendidas, cruzando sus pies, y se veía muy tranquilo mientras comía algo, era de estatura promedio, pasado de peso, cara redonda, cabello crespo oscuro. Vestía un pantalón de mezclilla manchado de grasa y una camisa blanca de tirantes, pegada al cuerpo, igual de sucia, zapatos muy desgastados, de esos tipo tennis de piel en negro, ya muy marcados de las arrugas por el uso. Me dio la impresión de ser un mecánico.

La niña y yo nos paramos frente a él y levantó su brazo izquierdo para señalarlo con su dedo índice y aunque no dijo nada sentí como si en voz alta me dijera: fue él!... pero el tipo ni siquiera nos miraba, parecía como si no estuviéramos ahí. Levanté la vista y lo observé, el hombre seguía disfrutando de su comida con ambas manos, me pareció que devoraba un lonche hecho de pan francés.

Volteé hacia la izquierda, donde estaba la niña para preguntarle, fue el… que? que te hizo ese señor? Y la niña ya no estaba. Sentí como si el tiempo se detuviera y vi frente a mis ojos como una especie de cinta de cine corriendo con imágenes muy claras en sepia.

Vi a la niña que venía del rumbo de las casas, -el lado contrario a Miguel Aleman-, la ví acercarse con curiosidad al edificio y hacerle conversación a ese hombre, la vi en toda su inocencia, explorando, preguntando, creo percibir el timbre de su voz, vi como ese sujeto sonrió con maldad al verla, se levantó de comer, se le acercó y le acarició la cara y el cabello, la niña sintió temor y dio un paso atrás, el tipo la sujeto por el cuello y comenzó a golpearla en la cara… la ví tratando de zafarse de el, llorando, pero no podía gritar. La golpeaba con mucha saña mientras con una sola mano la ahorcaba. Creí que me iba a desmayar… no puede ser verdad esto. Lo último que vi fue el cuerpo de la niña con su vestido ensangrentado como si la hubieran aventado sobre unos escombros, justo al lado contrario del edificio donde ocurrió todo.

Esta fue una de mis pesadillas en la semana de finales de enero, principios de febrero y aún hoy día 12 la tengo más presente que nunca.

El viernes 9 pasado, ví a mis amigas, este “sueño” y otros más ya habían acontecido, pero esa tarde no platicamos nada que tuviera que ver con situaciones así. Jugamos lotería y hasta me sentí orgullosa de jugar con 6 tablas, cuando muy apenas ponía atención en 4.  NelCo una de ellas siempre nos recibe con refrescos, chucherías, pan; excelente anfitriona; así que EdiCel y yo llevamos algo de comer. EdiCel comentó que llevaría para hacer taquitos de bisteck, pero al final lo cambió por deshebrada guisada.

El sábado pensaba en los taquitos de bisteck que no se hicieron, se me antojaron, está de más decir que no me privo de nada, como lo que quiero, a la hora que quiero, podrá faltarme todo menos comida en el refri, en la mesa y en el plato, esos son los lujos que me interesa tener… así que añorar esos taquitos de bisteck era mera chiflazon por antojo.

Al acordarme de mi amiga le envíe la liga de este blog pero jamás le hice mención de los ansiados tacos, EdiCel tardó horas en responder y cuando pudimos hablar me dijo… que crees? Me quede con las ganas de hacer los taquitos de bisteck, a ver si hago y te llevo, no sé porque tengo la fijación de quererte dar de comer siempre y nos reíamos de esa sincronicidad y de sus ganas de fomentar mi sobrepeso.

Y como siempre ocurre, comenzamos a hablar de esas situaciones inusuales que nos pasan, -viajes astrales- me dijo alguien por ahí. EdiCel me contó sobre un recado que tuvo de su mami que mencionaba unas flores lilas; yo le conté de mis pesadillas, entre ellas, la más dolorosa fue la de la niña.

Después de insistirme que le recalcara con santo y seña todos los detalles, ubicación, descripciones, me dijo muy segura:

-Era una niña de 8 años

-No lo sé, es que te digo que se parece a Val de espaldas y ella es pequeñita, aunque haciendo memoria, a Val la conocí de esa edad 8 años.

- Sí, yo si estoy segura, es que ahí mataron a una niña de 8 años, concuerda con su descripción, mi papá tenía por ese rumbo su tienda y salió en el periódico, ese terreno lo limpiaron porque primero fue lo de la niña y luego abusaron de dos muchachas, pero ahí si mataron a una niña, yo tendría como 16 años, lo recuerdo muy bien.

Me quedé helada y a la vez me invadió un sentimiento de onda tristeza.

-Y ahora que hago? La traigo bien presente.

-Pues, no lo sé, quien te manda andar de vaga por ahí; que andas haciendo allá por Miguel Alemán?

-No lo sé weeei, yo nada mas iba pasando por ahí, no se ni a donde iba o que, estaba soñando... creo.

Ya luego nos reíamos de las cosas tan extrañas que nos pasan y es que si no lo tomas con humor, de verdad te puedes trastornar… maaaaaas!!!

EdiCel tuvo y tiene sus propias experiencias, bastante diferentes a las mías, así que no se puede decir que una induce a otra a “imaginar” estos eventos.

Su recomendación por intuición fue: nada de veladoras, puras oraciones e intenciones para que esta pequeña pueda trascender, si es que de alguna manera su energía quedó atrapada, ya sea por que ella no entiende que debe irse o porque la familia al recordarla con dolor o sed de justicia, la tengan atada a este plano.

La llamé “La chiquita del sendero” y en mis oraciones, la incluyo con amor, nos visualizo en un abrazo en ese mismo sitio y le explico que tiene que avanzar en su camino, que ya no tenga miedo de seguir porque en esta ocasión la recibirán con mucho más amor en un lugar muy bello... la sigo teniendo presente, pero parece que vamos evolucionando, al menos ya no me invade la tristeza al recordarla, aunque fueron episodios muy breves y de ninguna forma siento la curiosidad de averiguar la veracidad de los hechos o fechas. Hay cosas inexplicables pero lo importante es lo que se siente, aunque esto sea incomprensible para mucha gente.


Recuerde que este blog es escrito bajo ninguna medicación ni supervisión y no pretende revelar la verdad de absolutamente nada de nada. Si no le agrada, puede irse, es libre de largarse.

Lezama


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